lunes, 27 de febrero de 2017

Ni tan arrepentida, ni encantada de haberte conocido, lo confieso.

De eso ya hacía mucho tiempo, el aire se había viciado entre el humo del tabaco, el alcohol y las drogas, que me seguían haciendo compañía, después de cada fatídica noche.
Todo mi empeño, juro que lo tuve puesto desde el mismo instante en que te ví... Pero sólo las personas que han amado a otra como si la misma explosión que diera paso a crear algo bello, como la creación del Universo entero, lo abrazara cada mañana, riera y pudiera nadar por el olor de su piel, de sus cabellos, lo puede llegar a entender, o no... y soy una especie romántica de un siglo literario anterior, y es una mierda, ya no creo en el amor.
Sin embargo, mi corazón siguió tu ritmo, hoy mis lágrimas de cocodrilo oprimen mi garganta, y las respiraciones profundas con putas canciones melosas están presentes en mi día a día.
Aunque tus palabras digan lo contrario, tus actos, los que ya forman parte del pasado y los que ahora han pesado, me demuestran que no fui nada.
Ya ni el sexo es sexo, es estar con el espejismo de tu recuerdo, sin encontrar en ellos saciarme y creer que alcanzo el nirvana.
Soy un maldito animal, una persona que cae en la piedra de cabeza, que se equivoca, que la caga, pero lo reconoce, más dramática de lo normal, y mis defectos y mil errores, pero no soy hipócrita, sé lo que sentí y siento, y fue sincero, pero que ya eso pasó y no hay nada que hacer, y no sabes cuánto duele y pesa...

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